Naoki Urasawa es, ante todo, un autor de thrillers. Es el género que le gusta, lo que mejor se le da, él lo sabe y nosotros lo sabemos. Más allá de escarceos iniciales con otros géneros más típicos del manga, como Yawara!, Urasawa salta al estrellato y nace para el gran público occidental con Monster, uno de los mejores relatos de intriga publicados en las últimas décadas. No es de extrañar, pues, que un autor con esta habilidad innata para tejer tramas de investigación conciba el universo de Astroboy en clave de novela policíaca, aprovechando el microcosmos ideado por Osamu Tezuka (creador de Astroboy a la sazón que padre espiritual y material del manga) para contarnos una historia de asesinatos en serie, de conspiraciones, secretos intrincados y reencuentros con el pasado. La receta puede resultar extraña al principio, pero el plato que Urasawa nos sirve se degusta con placer.
Esa es la propuesta de Pluto, un manga creado para conmemorar el nacimiento en la ficción de Astroboy (“Atom” en el original japonés), que Tezuka estableció en el 7 de abril de 2003. Con motivo de esta ficticia efemérides, Pluto comienza a publicarse en Japón en 2003, tomando como referencia el arco argumental “El mejor robot sobre la faz de la tierra”, publicado en el Astroboy original en la década de los 70. En dicha historia, Astroboy debía derrotar a Pluto, un robot concebido para convertirse en el más fuerte jamás creado. Urasawa toma esta historia como punto de partida y mantiene a muchos de sus personajes, pero la pasa por su tamiz convirtiéndola en una historia de investigación de ciencia ficción, más cercana al estilo de los relatos de Phillip K. Dick que al original de Osamu Tezuka.
En este personal homenaje al genio que, según él, le inspiró para dedicarse al mundo del manga, Naoki Urasawa no se ve cohibido por manejar material altamente inflamable (Tetsuwan Atom, Astroboy en occidente, ha sido durante más de cinco décadas el manga más popular en Japón), y se permite trastear con personajes grabados en el imaginario colectivo de millones de personas, reinterpretando con fuerza y acierto a todos los personajes originales (como el propio Astroboy, retratado como un niño de unos once años de apariencia absolutamente humana) y creando otros nuevos que resultan igual de atractivos para el lector. Cómo no, mención especial para el protagonista de Pluto: el detective alemán de la Europol Gesicht, un androide de última generación de perfil sobrio y contenido, que se implica más allá de lo recomendable para un detective en descubrir los motivos del asesino que está acabando, uno a uno, con los robots más populares y poderosos del planeta.
Con este punto de partida, Urasawa nos va desvelando en pequeñas dosis esa sociedad futurista en la que hombres y androides conviven con relativa naturalidad, hasta el punto de que en muchas ocasiones humanos y robots son indistinguibles; al mismo tiempo que nos da a entender que esa convivencia no siempre ha sido un camino de rosas, de modo que “la carta de Derechos Robóticos” es una convención alcanzada tras tremendos conflictos, acontecimientos del pasado en los que se hallan los orígenes de los sucesos narrados en Pluto.
Habría que decir que es innecesario conocer el Astroboy original para disfrutar de la historia de Pluto, cargada de referencias y homenajes al original (y a otras obras de O. Tezuka) pero que resultan irrelevantes para la trama. En mi caso, Pluto me está resultando totalmente accesible y nunca he leído nada de Tezuka, y eso que en España tenemos magníficas ediciones de sus clásicos. Pero temo que con Tezuka me pase lo mismo que con otros autores “fundamentales” de los 50-60-70, lo podríamos llamar “el síndrome Eisner”: los leo, entiendo por qué fueron tan relevantes en su época, pero no los disfruto en absoluto, ya que sus discursos y su estilo me resultan obsoletos a día de hoy. ¿Sacrilegio? Quizás.
Pero dejando al margen consideraciones que no tienen que ver con la obra, recomendaría Pluto a todos aquellos que disfrutan con las historias de investigación construidas con inteligencia y bien desarrolladas: la trama engancha como es habitual en Urasawa, aunque no sepamos exactamente hacia donde avanza; los personajes son muy buenos, como también es habitual en el autor, que retoma su tendencia de abandonar durante capítulos a los protagonistas confiando el desarrollo de la historia a los secundarios; y el trasfondo argumental es sólido, a lo que debemos añadir una puesta en escena elegante, con ciudades futuristas lejos del cliché, que mantienen su personalidad según se encuentren en Europa, Japón u Oriente Medio.
Sin embargo, Pluto está carente de la fluidez narrativa de Monster, sus giros argumentales sorprenden menos y seguimos la investigación con un cierto distanciamiento, sin esa implicación personal del lector que el autor logra en su obra maestra. Quizás sea injusto comparar toda la producción de Urasawa con Monster, pero creo que el mismo origen de Pluto lastra el desarrollo del cómic: el hecho de que el autor se sienta deudor del Astroboy original, que deba reinterpretar un universo que no le es suyo, que deba contar obligatoriamente con determinados elementos para que Pluto no pierda su carácter de homenaje… todo ello acaba convirtiéndose en un lastre a la larga, que no permite despegar del todo a Pluto como magnífica historia de investigación en el género de la ciencia ficción. 7
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